El mensaje en la botella

«Cuando yo desaparezca, lo cierto es que el mundo no lo sentirá. La atmósfera será la misma, la temperatura no variará, los vientos no se detendrán, y la Tierra seguirá envejeciendo. Los movimientos de rotación y traslación que aprendí en la primaria continuarán su curso despreocupados. Mi ausencia no precipitará tormentas, ciclones ni tsunamis. Nada, el planeta pesará lo mismo conmigo o sin mí; así de diminuta es mi participación. Jamás entendí tan bien el significado de las citas bíblicas que hablan de que somos polvo, como lo hago ahora. La existencia humana es justamente eso, una pequeña mota de polvo suspendida unos segundos en la inmensidad del universo. Tan solo una ráfaga, un momento, un destello. Hoy que estoy consciente de que camino renqueando en la antesala de la muerte, asimilo también que es la primera vez que reflexiono sobre esto llamado vida. ¿Con qué derecho pasé tantos años sin pensar en lo que soy? Cuánto tiempo me mofé de los filósofos, de cómo perdían el tiempo en buscar respuestas tediosas a preguntas aburridas, o como alguna vez las llamé, idiotas. Aborrecí la introspección y me la pasé en la farándula; me dediqué a engordar mi cartera y mi ego, a socializar como caballo desbocado; mientras más personas conociera, mucho mejor. Pero nunca me detuve a conocerme a mí mismo; a entender mi existencia desde otra perspectiva, a visualizar lo efímeros que son nuestros años de humano como para dejarlos pasar sin tratar de entender su origen. Hoy te digo a ti que estás leyendo esto, que no pases por el mundo como una veleta; que detengas el aire, que pares las aguas, que mires al cielo y sientas la tierra. Dedica tiempo a meditar y especular de dónde vienes, por qué estás aquí, quién está detrás, quién mira desde arriba, qué huella dejarás. Delibera con el silencio, siente la maravilla de la sangre correr por tus venas; acicala tus pensamientos y prioriza lo que te hace grande, lo que enriquece tu mundo interior. Pasa tiempo solo, alejado del ruido y las voces, sólo así aprenderás a escucharte mientras estás callado. Imagina preguntas, plantea hipótesis a tu alrededor, busca respuestas, escríbelas, transfórmalas. Haz filosofía mientras comes, al viajar en tren y también besando al amor de tu vida. Comparte cuestionamientos, contagia esas ganas de ver más allá; profundiza humano, húndete, empápate de tu capacidad de abstracción. Deja la burbuja, lo superfluo y la tecnología, sumérgete en ti. Aún estás a tiempo, no sigas perdido, ponle un alto al desperdicio de tus días como polvo, porque cuando llegue el huracán de la muerte, nadie más que tú cargará con el orgullo o la vergüenza de lo que fuiste en este lugar llamado Tierra.»

 

Izel Hanifah

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