Isla Burlona – Microrrelato

La coge con sus propias manos y la parte en dos. Por fin se quitó el asco el hombrecito de traje. Seguro ya no aguantó el hambre y su cerebro citadino sólo le dio para pensar en almejas. Será divertido ver la metamorfosis de este náufrago sofisticado que no quiere ni llenarse de arena los pies. Ahora busca su celular en el pantalón empapado, ¿es en serio humano? ¡Que risa contigo mi distinguido cliente! Tienes mucho que aprender. Permíteme presentarme: soy tu isla desierta y estaré a tus órdenes los siguientes diez años.

Izel Hanifah

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