Armario de emociones – Microrrelato

Hoy me despertó un cielo brillante, ese que puede traspasar los párpados y colorear su interior de rojo. Dejé la cama y fui hasta el armario, donde mis opciones para el día estaban colgadas en orden alfabético: Alegre, Desesperado, Enojado, Melancólico, Pensativo, Triste…Dos segundos y sin dudarlo elegí Triste. Vestí de negro. Me miré al espejo y desbordé un mar de lágrimas sobre un libro. Estaba tan solo, tan olvidado por todos, me sentía el más común y corriente de la raza humana. ¿Quién podría querer acercarse a este triste hombre, enjuto en su totalidad, feo de rostro y de sentir, un simple y repugnante lava loza de un restaurante mundano? Salí cabizbajo, con andar lento hacia el trabajo, el cielo se había nublado al verme pasar, las personas procuraban sentarse lejos de mí en el transporte público. Pues claro, debo oler mal, a cochambre y restos de comida. Que odio más profundo siento hacia mí mismo. Así que me bajo del autobús y voy hacia el puente más alto, hoy no lavaré loza, hoy no tendrán que soportar más mi olor y mi cara retorcida. Me despido de ti cielo nublado, ahora puedes volver a brillar.

Izel Hanifah

 

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